Las vastas extensiones de bosques secos, humedales y sabanas definen el oriente de Bolivia, una zona que comprende fundamentalmente los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando. Periódicamente, este territorio sufre incendios forestales agudizados por sequías extensas, las quemas orientadas a la agricultura y el crecimiento de la frontera agropecuaria. Debido a esta mezcla de circunstancias climáticas y humanas, el control de las llamas representa un reto constante tanto para los habitantes de la zona como para los organismos gubernamentales.
Marco institucional y legal
La gestión de los incendios forestales se apoya en un entramado de instituciones nacionales, departamentales y municipales, bajo un marco normativo específico:
- Ley Forestal 1700, que regula el uso y la protección de los bosques.
- Ley 602 de Gestión de Riesgos, que establece mecanismos de prevención, respuesta y recuperación ante desastres.
- Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT), encargada de autorizar y fiscalizar las quemas.
- Viceministerio de Defensa Civil, responsable de coordinar la respuesta ante emergencias de gran magnitud.
- Gobernaciones y municipios, que ejecutan acciones directas de prevención y combate del fuego.
Prevención y control de quemas
Una parte central de la gestión es la prevención. En el oriente boliviano, las quemas agrícolas y ganaderas están permitidas solo bajo autorización y en épocas específicas. La ABT emite permisos de quema controlada y establece medidas técnicas como cortafuegos y horarios restringidos. Sin embargo, el incumplimiento de estas normas ha sido una de las principales causas de incendios descontrolados.
Supervisión y detección precoz
El seguimiento se efectúa a través de capturas satelitales e informes en terreno. Diversas entidades gubernamentales, centros académicos y agrupaciones sociales emplean información sobre puntos de calor para:
- Localizar sectores con mayor vulnerabilidad.
- Poner en marcha avisos precoces dirigidos a ayuntamientos y poblaciones.
- Catalogar como prioritarias las zonas destinadas al desplazamiento de brigadas.
En época de estiaje, tales mecanismos facilitan prever el avance de las llamas, si bien su éxito recae en la celeridad de la reacción municipal.
Respuesta operativa y combate del fuego
Cuando se declara un incendio, la respuesta combina recursos humanos y logísticos:
- Brigadas forestales municipales, departamentales y nacionales.
- Fuerzas Armadas y Policía, que apoyan en zonas de difícil acceso.
- Bomberos voluntarios y organizaciones comunitarias.
En casos críticos, se emplean aeronaves para transporte de personal y descarga de agua. Un ejemplo significativo fue la emergencia en la Chiquitania en 2019, cuando millones de hectáreas resultaron afectadas y se requirió cooperación internacional.
Participación comunitaria y saberes locales
Las comunidades indígenas y campesinas del oriente boliviano cumplen un rol clave. Sus conocimientos tradicionales sobre el uso del fuego, la lectura del clima y la protección del territorio se integran cada vez más en estrategias de manejo integral del fuego. Programas de capacitación buscan fortalecer esta participación y reducir prácticas de riesgo.
Restauración y recuperación de áreas afectadas
Tras los incendios, la gestión continúa con acciones de recuperación:
- Evaluación de daños ambientales y productivos.
- Reforestación con especies nativas.
- Apoyo a medios de vida locales afectados.
Estos procesos son lentos y costosos, pero fundamentales para reducir la vulnerabilidad futura.
Retos actuales y proyecciones
A pesar de los progresos logrados, continúan presentándose obstáculos importantes tales como la escasez de medios, una débil coordinación entre instituciones y las presiones económicas que recaen sobre las masas boscosas. El manejo del fuego en los bosques de la zona oriental boliviana pone de manifiesto un dilema continuo entre el impulso productivo y la protección de la naturaleza. Consolidar las labores de prevención, cumplir estrictamente la legislación vigente y valorar el entorno natural como un organismo vivo brinda la oportunidad de habituarse a la presencia del fuego, evitando así que este represente un peligro constante para los pobladores y el territorio.
